Don Quijote y Sancho se enfrentan a un asesinato en Piñones

 

Escrito por Lola Luna 

Por un lugar cuyo nombre Don Quijote no ha podido descifrar, iban el caballero y su escudero empapados por la lluvia. Sancho reconocía el nombre del sitio ya que, unas millas antes de llegar, había escuchado a una pareja joven mencionar el nombre Loíza aldea. Llevaban horas caminando para tratar de encontrar un lugar para descansar y resguardarse. Sancho asumió que era de madrugada cuando llegaron, ya que hacía más frío de lo usual. El sonido de los autos y las pisadas de los caballos eran lo único que sonaban en el ambiente. Cuando llegaron, Don Quijote observó lo que parecía ser una playa ante los ojos de Sancho, pero para los ojos de un loco sublime, aquella playa era un oasis como esos que había leído en los libros de caballería. Con una sed inexplicable, se bajó de su caballo, salió corriendo y gritando dijo: 

– “Sancho, Sancho, he encontrado un oasis. Con este agua limpia podremos curar nuestra sed y alimentarnos con los frutos que encontremos”. 

-Amigo- le dijo Sancho- eso no es un oasis, si no una playa y el agua no es bebible. Esta agua contiene elementos que te harán más sediento, según lo que escuché por ahí.” 

-Calla, amigo Sancho, respondió el Quijote-, sé agradecido, no hemos tomado agua en horas y estás aquí tratando de hacerme quedar mal. 

Sancho lo miró con cara de desacuerdo y con una actitud desafiante, pero manteniendo la compostura y sin olvidar que era el escudero del famoso Don Quijote de la Mancha. 

Estaban a punto de llegar cuando de repente suenan disparos que casi acaban con los tímpanos de ambos. 

Don Quijote sonríe orgullosamente y dice: Amigo Sancho,¨aquí encaja la ejecución de mi oficio” (p.97 Aventura con los galeotes). 

Sancho, quién ya tenía intención de descansar miró al hidalgo con cara de tristeza y con sus ojos expresó el cansancio que llevaba encima hace horas. Sin embargo, Don Quijote estaba dispuesto a investigar de donde provenían esos disparos y no pensaba parar hasta juntar todas las piezas. Ya cerca de la carretera, Don Quijote vio una silueta inmóvil dentro de un vehículo marca Nissan gris. El hidalgo se quedó mirando fijamente el carro por unos segundos, hasta que miró a Sancho con cara de satisfacción y le dijo: 

“Esta, sin duda, Sancho, debe de ser grandísima y peligrosísima aventura, donde será necesario que yo muestre todo mi valor y esfuerzo” (p.78 Aventura con un cuerpo muerto). 

Sancho sonrió, aunque no con el mismo ímpetu que Don Quijote. Así mismo, se fueron acercando poco a poco. De repente, vieron a un señor con sobrepeso detrás de una roca a unos veinte metros. Decidieron ir hasta él en busca de respuestas. Don Quijote, quién había perdido su espada en una batalla anterior, observó un letrero de tráfico y concluyó que sería buena idea cogerlo por si algo salía mal y le tocaba defenderse. 

Cuando ya estaban a unos cinco metros del hombre, se dieron cuenta que estaba muerto con una pistola en la mano. Sancho, que creía saber del mundo nuevo, asumió que se había suicidado después de matar a las victimas. Sin embargo, don Quijote nunca había leído de tal arma en sus libros de caballería y como pensó que era un encantador puertoriqueño haciéndole trucos, decidió regresar al coche para investigarlo. Una vez cerca del vehículo, abrieron las puertas y se percataron que además de un hombre, también había una mujer herida de bala, pero que aún respiraba. Cuando la mujer se dió cuenta de que había alguien abriendo las puertas del auto, por instinto y miedo cogió una pistola que tenía a mano y le apuntó en la sien a Don Quijote, sin parar de mirar a Sancho con una mirada desafiante. La mujer, aturdida y con mucho dolor, pensó que el de la Mancha y su escudero eran los asesinos. Sancho entra en acción, coge el letrero que Don Quijote había levantado del suelo y le dio tal golpe en la cabeza a la muchacha que se quedó inconsciente por unos diez minutos. Así mismo, antes de que se despertara, “le ataron muy bien las manos y los pies, de modo, que cuando despertó con sobresalto, no puedo menearse, ni hacer otra cosa más que admirarse y suspenderse” (p.113 El extraño modo como fue encantado don Quijote de la Mancha). Cuando la mujer se despertó toda adolorida por las balas y el golpe que le habían dado en la cabeza, le rogó a Don Quijote y a Sancho que la liberaran para que pueda ir a un hospital y, aunque Don Quijote no estaba de acuerdo, había algo humano en él que lo hacía compadecerse de la víctima. 

Luego de unos minutos, Don Quijote miró a la mujer con cara de confusión y decidió dejarla ir: 

¨Te dejaré ir, querida doncella, y no dudes en que encontraré a la persona que se atrevió a hacerte una cosa como esta.¨ 

La mujer mostró una expresión de alivio en su rostro y, tan pronto estuvo libre, se echó a llorar y salió corriendo. Don Quijote la llamó y la mujer se quedó paralizada. 

¨Venga un momento¨- dijo el hidalgo 

La mujer, cabizbaja y con miedo, caminó hasta Don Quijote. 

Don Quijote la miró, sonrió y le dijo: 

“Por cierto,… yo soy muy contento de hacer lo que me pedís; mas ha de ser con una condición y concierto: y es… que me ha de prometer de ir al lugar del Toboso y presentarse de mi parte ante la sin par doña Dulcinea, para que ella haga…lo que más fuere de su voluntad” (p.53 Aventura 

con el vizcaíno). 

La mujer, sin decir nada, demostró con la mirada que estaba de acuerdo y se fue corriendo como si no hubiera un mañana. Don Quijote la observó hasta que desapareció en la oscuridad. 

Después de un rato, Sancho se dirigió a su caballero y le dijo: 

¨Querido amigo, ha llegado la hora de encontrar al culpable.¨ 

Así es, amigo Sancho, quien haya cometido deber tan imperdonable, ahora asumirá responsabilidad – dijo Don Quijote. 

Sin decir nada más, los ojos de ambos se cruzaron y con la mirada entendieron lo que tocaba hacer. Se subieron en los caballos, soltaron las riendas y dejaron que el destino los llevara hasta el culpable. 

Luego de doce horas sin parar, el famoso Sancho y Don Quijote de la Mancha pararon en una playa escondida sobre las dos de la tarde, con la esperanza de que alguien les pudiera brindar algo de comida y agua. Después de veinte minutos, se dieron por vencidos y se sentaron a la orilla del mar a descansar. 

Al cabo de una hora, Don Quijote se levantó agresivamente y con una voz seria pero motivada dijo: 

¨Encontraremos al culpable aunque necesitemos toda una vida para hacerlo¨ 

Sancho, sin levantarse de la arena y con la mirada cansada le dijo: 

¨Amigo, nunca lo vas a encontrar. Esto es una isla con alta criminalidad y casi nunca los verdaderos sicarios son los que se llenan las manos de sangre. No es un problema de la mafia, es un problema del sistema”. 

El cielo se oscureció y con él todos los sueños de Don Quijote de ser caballero. Se sentó en la arena al lado de su escudero y allí se quedó, escuchando las olas y la música de las famosas playas de Puerto Rico. 


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *