Escrito por Lola Luna Ramos Huerto
Llevo tres días con miedo, sin comer y sin dormir. Creo que ya es hora de marcharme, pero debo decírselo a Luis antes de irme. Salí de mi casa donde aún permanecía el cuerpo del que en algún momento fue mi esposo. Allí muerto, lleno de sangre y con una herida en el pecho del balazo que le había metido, lo dejé. Mis ojos verdes y mi cabello negro se alumbraron con la luz de la luna. Mis manos temblaban. Cogí la moto y fui en dirección a casa de Luis.
Cuando llegué me quedé paralizada,tenía miedo de decírselo. Entré en su casa por la puerta trasera cuidadosamente para no despertar a nadie, hasta que finalmente llegué a la habitación de Luis, quien dormía profundamente. Me acerqué a él. Sentí su suave olor y mi cuerpo se estremeció. Acaricié su rizada cabellera y su piel morena por unos segundos, hasta que finalmente, se levantó.
Mi corazón se aceleraba cada vez más, mi pulso temblaba y mis labios no me dejaban decir aquella difícil decisión . Por un momento pensé que había sido un error ir hasta allí, que él me haría retractarme. Lo quería tanto. Pero en realidad sabía que allí no me podía quedar, que tenía que huir y empezar de cero otra vida, aunque eso supusiera huir de la historia de amor más bonita jamás vista.
Luis… dije después de pensarlo mucho.
¨Debo irme. Te quiero, pero esta historia no puede continuar.¨
Sus ojos marrones se llenaron de lágrimas al escuchar mis palabras. Intentó abrazarme pero yo me aparté, aunque en realidad lo que quería era huir con él. No podía verlo así, dolía demasiado. Mis ojos formaron un mar de lamentos en mi rostro y así mismo, salí corriendo de aquel sitio en el que tantas memorias lindas había construido. Nunca pensé que sería yo quién le rompería el corazón a Luis, pero mis acciones tenían consecuencias, y haber matado por amor no me permitía quedarme con la persona que más feliz me hacía. Me puse el casco, encendí la moto y hui del pueblo donde pasé la mayor parte de mi vida para siempre.
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