Por: Lola Luna
¿Quién tiene la culpa de la crisis migratoria? ¿La tiene el gobierno o la tiene la gente? Quizás sea culpa de los dos. De acuerdo con la Organización internacional de migración, la crisis migratoria es definida como ¨una crisis con dimensiones de migración, es decir, que puede generar movimientos de población dentro o fuera de las fronteras de un país¨. El mundo está lleno de gente que migra y emigra de un lado al otro del mundo. En Venezuela, más de 7,7 millones de personas han emigrado. Aunque quizás esto nos queda un poco lejos. Vayamos a un lugar más cercano, Cuba. Está comprobado que más del 15 porciento de la población ha salido del país. Estos datos inundan mi cabeza de tristeza. No sabría como explicar la melancolía que siente mi cuerpo al escuchar las anécdotas de gente que tiene que irse en busca de su por venir anhelado. Algunos se van de su país a la caza de un futuro más próspero. Otros simplemente buscan una casa donde vivir. (homófonos) Muchas veces se terminan largando solos, sin familia ni amigos que los acompañen por el camino. Y eso tiene mérito. Sus esfuerzos por sacar adelante un futuro enterrado son casi innumerables. Pero muchas veces la determinación no es suficiente para que un país nuevo te ayude y te apoye. Y no me refiero al gobierno. Hablo de la sociedad. Las grandes masas de gente que tratan a los desplazados como especies de otro universo. Pero lo irónico es que somos todos iguales. Americanos, asiáticos, europeos… venimos todos del mismo sitio. La mancha que deja la crisis migratoria en el mundo es la razón por la que el mundo es como es: diverso y racista.
Sin inmigrantes no habría diversidad, y sin ella no habría cultura. Nos formamos de la gente. Al escuchar sus vidas vemos las nuestras. Entendemos y aprendemos muchas cosas a través de la mirada o del simple gesto de una persona. Nuestro abono es lo que cultivamos de otros. Y eso lo trae la inmigración. Necesitamos de todos aquellos que vienen a nuestro país para formar nuestra propia historia. Sin ellos no seríamos los mismos. Pero eso lo gente no lo entiende. No asimilan que da igual si llegas a un país en yola o en avión, perteneces de la misma manera a una sociedad o a una identidad. Por eso cuando veo las noticias me lleno de una extraña mezcla de rabia y pesadumbre. Miles de haitianos salen de su país en busca de un sobre que contenga ¨el sueño americano¨ ya que la falta de comida sobre sus mesas consume sus futuros (homógrafos). Porque el tiempo pasa, y la vida no va a esperar por ti. Quedarte encerrado en un país que solo te brinda tu esencia no vale la pena. Por eso vienen a Puerto Rico. Acuden a nosotros cuando nos necesitan. Traen su compasión y su alegría a pesar de todo por lo que han pasado. Pero la isla no los recibe con la misma moneda. La mayoría de los recién llegados luchan contra la pobreza, el desempleo y la discriminación racial en su nuevo hogar. Por eso es que la crisis migratoria no es un problema únicamente del sistema. Es un problema de la sociedad xenófoba e intolerante en la que habitamos.
Me uno a las palabras de Maisie Williams cuando dijo: “Los refugiados son gente normal como tú o como yo… sin embargo, a nosotros solo nos preocupa lo que nos pueden quitar en nuestro país”. Tanto los inmigrantes como los emigrantes son gente normal, aunque con una única diferencia: ellos sienten la necesidad de irse. Sea por trabajo, por dinero o por familia, todos sienten la urgencia de largarse y empezar de cero una vida feliz. Deberíamos hacerlos sentir parte de nuestra cultura y tradiciones. Propongo incitar a los maestros a hablar más sobre este tipo de temas y educar a las futuras generaciones para así crear una sociedad más variada y menos segregacionista. Además, es fundamental fomentar programas de integración que no solo incluyan la educación, sino también actividades comunitarias que promuevan el entendimiento y el respeto mutuo. Solo así podemos construir un futuro donde la diversidad sea vista como una fortaleza y no como una amenaza. Debemos adaptar nuestras políticas y actitudes para adoptar (parónimos) una perspectiva más inclusiva y solidaria hacia aquellos que vienen en busca de una nueva oportunidad.

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